Y qué eras sino una llama
y mi corazón un simple papel
Y me quemabas
Y me dolías.
Pero tú te alimentabas
de mi sufrimiento
Y me matabas
Y me consumías.
Pero te seguía añorando
te seguía queriendo
Y me hacía cenizas
Y me moría.
Pero no entendía
que no me querías.
Hasta que no quedó nada
entre mis costillas
solo un par de pulmones
consumidos por los cigarrillos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario